LA VARICELA

La varicela es una infección viral muy contagiosa provocada por el virus varicela zoster (VVZ). Se caracteriza por una erupción vesicular en forma de manchas y ampollas que producen picazón. Esta enfermedad es común entre la población infantil, aunque tiene una variante propia de los adultos, el herpes zoster, que resulta más seria y consiste en la reactivación posterior del virus.

Se transmite a través de pequeñas gotas de líquido vesicular  del tracto respiratorio que son transportadas por el aire, especialmente cuando el enfermo tose. También se contagia al estar en contacto con objetos que han sido contaminados.

Generalmente los enfermos no presentan síntomas evidentes antes de que se produzca el brote de la enfermedad, que viene acompañado por fiebre, cansancio, dolor de cabeza y falta de apetito. Los síntomas comienzan entre los 10 y los 21 días después de la infección. El más característico es la aparición de manchas rojizas y planas por todo el cuerpo, que van tomando relieve poco a poco hasta convertirse en ampollas o vesículas. Estas provocan un gran picor, se rompen con facilidad y forman unas costras que se desprenden y desaparecen en, aproximadamente, dos semanas. El proceso se extiende hasta el sexto día de la enfermedad.  En casos graves las manchas se extienden por las extremidades y el rostro. Además, pueden aparecer llagas en la boca, los párpados, el recto, la vagina y las vías respiratorias.

Esta enfermedad se extiende prácticamente por toda la población, siendo más frecuente en niños y se distribuye por todo el planeta en especial en la zona occidental de Europa. En los casos leves sólo es necesario aplicar compresas húmedas para controlar el prurito, a veces muy intenso, y para impedir el rascado, que pueden provocar una infección generalizada y cicatrices.
En los casos graves se pueden utilizar antihistamínicos sistémicos. Los pacientes deben bañarse a menudo con agua y jabón y mantener la ropa interior limpia; las manos deben permanecer limpias y las uñas cortadas.

La varicela es una enfermedad poco preocupante y no se toman medidas especiales contra ella. No hay unos medicamentos específicos que la combatan. Lo normal, en caso de contraerla es esperar a que sane de manera natural. No hay expectativas futuras de lograr que las personas no se contagie. No obstante, existen vacunas que minimizan el riesgo de la enfermedad, pero no se emplean de forma generalizada.

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