La enfermedad descompresiva (E.D.)

Conocida como la enfermedad del buzo, el Cajón del Inca o las “bends” de los anglosajones, es una de las enfermedades cardiovasculares asociada a la práctica del buceo autónomo. Intentando buscar una explicacióin romántica, se aseguraba que el mar cobraba un tributo a los buzos que arrancaban sus tesoros. Encorvados, apurando un trago, que los reconfortara de las frías aguas de los océanos, deseaban volver a sumergirse para que sus dolores que les obligaban a doblarse desaparecieran; tornándose más fuertes cuando regresaban a tierra firme, cada vez se convertían más en peces. Estaban realizando, sin saberlo una recompresión.

imagen

Pero antes de hablar de lo que es la Enfermedad Descompresiva, la E.D., tenemos que saber algunas cosas importantes y cómo nos afecta cuando buceamos.

El aire que respiramos a nivel del mar se compone fundamentalmente de un 78% de Nitrógeno y un 21% de Oxígeno. El primero de los gases, el N2, es un gas de transporte, es decir nuestro organismo no lo metaboliza; lo expulsamos una vez que respiramos. Sin embargo, el O2 es un elemento vital, sin él no podríamos vivir.

Otro factor importante es la presión atmosférica. A nivel del mar la columna de aire que soportamos es de un bar o una atmósfera. Cada díez metros de profundidad se suma otra atmósfera. Así a 30 metros de profundidad tendremos 4 atmósferas o bares.

Pues bien, la combinación de la presión y la mezcla gaseosa que se encuentra en las botellas, hacen que nuestro organismo reaccione de forma diferente a como lo haría a nivel del mar. El N2, que como veíamos no metabolizamos, nos es imposible eliminarlo debido a la presión, quedando disuelto en nuestra sangre (Ley de Henry: “un gas a temperatura constante y sufriendo una presión determinada, toma el estado del líquido que lo acompaña, volviendo a su estado natural una vez que la presión desaparece”). Cuando ascendemos, descendiendo la presión, el N2 vuelve a su estado de gas escapando de nuestro cuerpo. Si esto se produce muy rápido las burbujas de gas entran en el torrente sanguíneo pudiendo ocasionar graves lesiones, parálisis o incluso la muerte. Es el efecto de la gaseoasa; cuando vemos una botella cerrada sólo apreciamos líquido, pero si la abrimos observamos que se llena de burbujas. Hemos variado la presión del envase. Sin embargo, si la abrimos poco a poco observaremos que apenas salen burbujas.

imagen

¿Como evitarlo? Un médico americano, Doppler, preocupado por los accidentes que sufrían los buzos de las US Navy, investigó sobre los problemas que sufrían, llegando a formular unas tablas donde se constataban las profundidades y los tiempos máximos en que podrían permanecer sin sufrir la E.D.. Hoy esas tablas todavía siguen presentes en el buceo recreativo, siendo más conservadoras para evitar accidentes; recientemente los ordenadores de buceo han facilitado mucho la práctica del buceo haciéndola más segura. La velocidad en el ascenso es también muy importante para evitar la formación de burbujas. El buceador que asciende a la supeficie no debe sobrepasar la velocidad de 9 m/s de ascenso. La E.D. pude clasificarse, según su grado en A y B. Como veíamos antes, afecta sobre todo a las articulaciones ya que las burbujas de N2, tienden a depositarse en las articulaciones, sobre todo en el húmero. Otros signos visibles de la E.D., son los mareos, vómitos y piel rojiza.

¿Cómo puede tratarse? Pues en las cámaras hiperbáricas. En ellas el equipo médico hace que el paciente, respirando O2 en porcentajes superiores al 21%, se le someta a presión; es como si volviera a descender a las profundidades para que N2 vuelva a disolverse y, poco a poco, haciendo que se elimine al ir menguando la presión. Antiguamente, cuando no se habían inventado las cámaras hiperbáricas, se acompañaba al buzo a las profundidades dando largos paseos.

imagen

¿Cuál puede ser el futuro? En lo referente al buceo deportivo, cada vez son más los aficionados que lo practican, elevándose porcentualmente el número de accidentes descompresivos. Una formación adecuada será la mejor medicina para evitarlos. Pero el mayor problerma se encuentra en el buceo comercial, el de buzos profesionales, que pasan mucho tiempo a profundidad y tienen que realizar largas paradas de descompresión. En países pobres donde la vida no vale nada, trabajan en condicciones infrahumanas no respetando ninguna de las reglas del buceo, incrementándose de forma alarmante los accidentes. Pescadores de langosta en Nicaragua o de coral en el Mar Rojo, son las principales víctimas.

La Teoría de la Descompresión, que es como se denomina a la E.D., no afecta a todos por igual, ni siempre; la edad, la temperatura del agua y el estado físico del buceador son factores que afectan en la E.D.. Aún siguiendo las indicaciones de las tablas o de los ordenadores no se está libre de padecer la E.D.. El número de casos es de 20 ó 30 anuales en todo el mundo.

Esta entrada foi publicada en BIOLOGíA, CIENCIA Y SOCIEDAD, Doctor, doctor e etiquetada , , . Garda o enlace permanente.

Deixa unha resposta